Ya estoy de vuelta en los Madriles, con unas cuantas horas de vida social intensa y falta de sueño a mis espaldas desde el pasado sábado. Pero, bueno, hay que aprovechar, ¿no? ¡En dos días ya estaré de nuevo on the run!

 

    Después de un mes rodeado de estos quinceañeros que me a veces me hacían perder los nervios (“Bueno, educarles no es tarea mía; yo no soy su padre.”) y otras (casi) la paciencia, he de reconocer que cuando me despedí de ellos en el aeropuerto me dio algo de pena. Les echo “un poquito” de menos. Curioso.

 

    Al igual que hace dos semanas, cuando se fue del curso la primera hornada de chavales españoles, fui testigo, desde la barrera (aunque esta vez bastante más cerca), de la inmensa carga emocional que se pone en juego en el momento de las despedidas. En esos momentos uno está muy sensible y baja la guardia; quizá por eso no me gustan y intento evitarlas o despedirme con un “nos vemos luego”.

    Espero que no suene a chalado, pero en esos momentos yo me dedicaba a prestarle especial atención a las caras, los lloros, las palabras, las reacciones, etc. de los amigos despidiéndose, quizás sin saberlo, para siempre. Para compensarlo, me dedicaba a quitarle hierro al asunto con chascarrillos y gracietas varias (con tacto, eh).

    Afortunadamente, y aunque a menudo me queje de lo poco sano que es que los niños se pasen el día con el teléfono móvil e Internet (ejem…), estoy seguro de que en estos casos serán providenciales para que perduren estas amistades recién creadas. (Porque, ¿quién escribe cartas hoy en día?)

    De momento, estos chavales ya tenían organizado un programa de fiestas y viajes veraniegos para verse que rivaliza con el mío. ¿De dónde sacarán las pelas? ¡Porque a mí estas cosas me cuestan un dinerito! (Desmiento la creencia popular de que soy rico o me regalan los viajes. Pas le cas. 😉 )

 


I’m back in Madrid, with some hours of social life and lack of sleep behind me. But who can blame me… I’ll be back on the run in a couple of days and have to make the most of my stay here, right? 

 

After one month surrounded by teenagers who got on my nerves (“Anyway, their upbringing is not my duty –I’m not his father, after all.”) and sometimes (almost) made me lose my patience, I have to admit that I felt a little sad when I said good-bye at the airport. I will miss them a “little bit”. Such a peculiar feeling.

 

As it happened two weeks ago, when the first batch of Spaniards left Salzburg, I witnessed, from the distance (this time closer, though) of the immense emotional charge released when the time to say good-bye comes. One gets very emotional and lower his guard. Maybe that’s why I don’t like farewells and tend to avoid them or just say “see you later”.

I hope this doesn’t sound weird, but at those moments I was busy analyzing the faces, cries, words, reactions, etc. of the friends who are saying good-bye, perhaps without knowing it, for ever. To make up for the sad situation, I was trying to play it all down with some humour and jokes (with tact, of course).

Luckily, and even if I often complain about the inappropriateness of kids using mobile phones and the Internet all day long (ahem!), I’m sure that this time these will be crucial to make this brand new friendships stay. (Because, who writes letter nowadays?)

For the time being, this kids have already arranged a series of summer trips and parties to meet up with each other which rivals with mine… Where do they get the money from? Because it takes a lot of working and saving for me! (I hereby refute the widespread belief that I might be rich or get free trips… not the case.)