“Entusiasmo” es la primera fase por la que atraviesa cualquier persona cuando se embarca en algún proyecto. O eso fue lo que nos dijeron al comenzar el máster hace una semana. Pasado un tiempo, el grado de satisfacción/interés caerá, el de exigencia ascenderá y tendremos ganas de mandar todo a paseo… justo antes de reponernos y terminar con un grado de entusiasmo/satisfacción superior al que teníamos al empezar.

Como en todo en esta vida, yo me creo siempre lo que me interesa; lo que no… ya veré. De momento, en una semana esto no me ha parecido tan desbordante como imaginaba (vale que el 90% de las cosas sean algo completamente nuevo para mí, pero no sé si es que lo asumo todo como dogma de fe o es que estoy empanado y todavía no he aterrizado –que todo puede ser–).

Lo que sí que tengo que admitir es que algo de razón habrá en ese “ciclo de entusiasmo” del máster, porque todo el mundo está de lo más agradable, colaborador, SOCIABLE… En sólo una semana (la primera) salimos por ahí tres veces, incluso. A ver cuánto dura esta tónica. A los de turno de tarde no nos están metiendo tanta tralla, pero a los de por la mañana les fríen con eso de que “somos competidores directos”, “estamos luchando por las mismas plazas”, etc. Así que será cuestión de tiempo que asomen nuestras verdaderas intenciones y empecemos a ponernos zancadillas y demás. (¡Ni de coña!)

De momento, a disfrutar del buen rollo y de las cañitas.